Nunca se está totalmente preparado para el adiós, pero se me da bien despedirme, al final, te acostumbras y cada adiós se hace un poco más fácil de decir. Se perfectamente que no me entiendes, y entiendo perfectamente que no sepas realmente que decirme. Escucha, ¿Sabes cuando nos sentábamos en el tejado de tu casa y nos quedábamos allí hasta que sentíamos que la oscuridad podía con nosotros? ¿Donde la única luz que teníamos era la de nuestras miradas, donde nos quedábamos observando el cielo de medianoche y nos preguntábamos la historia de universo? ¿Sabes el vacío que te quedaba al cuerpo cuando finalmente me iba? Entonces, ese vacío es el que siento yo cada día, cada hora de mi vida está aquí, es como si la oscuridad de todas aquellas noches se hubiese apoderado de mi cuerpo. Ahora soy media oscuridad media persona.
Lídia

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