23 de setembre del 2014
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Las ojeras de los lunes, de los martes, de los miércoles, las ataduras del consciente, los abrazos a medias y algunas horas perdidas. Cosas breves, cosas sin importancia en la medida del tiempo. Volver a la realidad al despertar y percibir la nostalgia de aquel verano rodeada de jazmín en una habitación blanca donde traspasaba el sonido de las olas del mar, el viento que chocaba con las ventanas blancas y las cortinas me acariciaban la cara. Quiero un día, una semana, un mes sin ti, sin él, sin nadie. Sola. ¿Será posible? Un universo paralelo se extiende y vuelve en sí a las pocas horas. Soñar. Que bonito es dejar al subconsciente jugar un rato. Que miedo. Cuantos secretos y deseos amagarán. Ni yo lo sé. Ni tú. Ni nadie. Volar aún más arriba, aun más. No ver la ansiedad. No notar el frío. Comerte las nubes a carcajadas. Respirar y darte motivos para hacerlo cada día. Recordar por que estás así, por que te sujetas, por que no te dejas. Mírale, mírales, son tus miedos. Se ríen de ti. Ríete de ellos por no entenderte. Escucha la música, la de tu interior. Camina, corre si lo prefieres. Pero avanza. Necesidad. De sexo, de caricias, de besos, de amor. Obsesión. Sinónimo de él.
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